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Uno de los antiguos ramales del Camino de Santiago atraviesa los Pirineos Atlánticos por el valle de Baztán. Una vía utilizada por aquellos que desembarcaban en el puerto de Bayona para incorporarse a las caravanas de mercaderes que se dirigían a Pamplona.

Olvidada durante décadas, esta ruta ha resurgido con fuerza en los últimos años quizás por su suave trazado o por la belleza natural de sus rincones. Un entorno con ecos de brujería en el que se alternan pastos y bosques, palacios y caseríos.

Primera etapa del Camino Baztanés

Los primeros kilómetros desde Bayona discurren por un camino de sirga en desuso.

Siempre por la orilla del río, avanzamos por una cómoda pista peatonal desde la que los bueyes tiraban antiguamente de las barcazas cargadas de mercancía que remontaban el Errobi hasta el puerto fluvial de Ustaritz.

Una vez aquí, el Camino abandona la compañía del cauce para internarse entre las amables colinas del interior del País Vasco francés. Pueblos encantadores como Ezpeleta y Ainhoa quedan junto a la ruta. Entre bosques, entramos en España por Urdax, una localidad cargada de encanto.

Sus calles (no muchas) guardan un molino, unas cuevas, casas de lugareños que hicieron fortuna en las Américas y el monasterio de San Salvador. Es precisamente en él donde se encuentra el primer albergue de la ruta.

Ziga, en el valle de Baztán - Turismo en Navarra

Ziga, en el valle de Baztán, Navarra (Foto: L. Otermin)

Segunda etapa del Camino Baztanés

La segunda etapa salva el desnivel del puerto de Otsondo, pero lo hace por sendas entre bosques y arroyos, así que la vista puede recrearse.

Amaiur, un pueblo-camino nacido a los bordes de la ruta jacobea es la primera parada tras el puerto. Sus casas, como es habitual en el Baztán son señoriales y blasonadas.

Y es que al pasar Otsondo hemos entrado en el valle del Baztán, un territorio fascinante de paisajes siempre verdes y pueblos cargados de historia.

Tras Amaiur se suceden las aldeas y los barrios rurales, agrupaciones de caseríos centenarios unidas entre sí por calzadas cuyo origen nadie recuerda. Bozate, Arizkun, Elizondo (capital del valle), Lekaroz, Ziga y Berroeta son algunos de los pueblos más significativos de este tramo.

Sorprenden algunas casas torre que recuerdan que el Baztán no siempre fue tan apacible.

Tercera etapa del Camino Baztanés

La tercera etapa, dejando atrás Berroeta o Lekaroz (pueblos con albergue), nos lleva al tramo más espectacular de esta variante: el paso de Belate.

Este puerto, donde los hayedos no tienen nada que envidiar a los famosos bosques de Irati, está surcado desde tiempos de los romanos por una calzada.

Como en la zona nieva en abundancia, decenas de hitos en forma de menhires fueron colocados junto a ella para permitir a los viajeros orientarse en invierno.

Caminar por estos bosques y descubrir la vieja calzada es algo inolvidable. Además, en un claro del hayedo, aparecen las ruinas del monasterio de Santa María, antiguo hospital de peregrinos alejado de cualquier punto habitado.

La etapa se adentra después en la Ultzama, tierra de buenos pastos para llevarnos hasta Lantz, famosa por su carnaval, y Olagüe.

Hotel Iribarnia, Lantz, Valle de la Ultzama - Turismo en Navarra

Lantz, Valle de la Ultzama

Cuarta etapa del Camino Baztanés

La cuarta y última etapa atraviesa la Ultzama de norte a sur y nos lleva hasta Pamplona.

Como siempre que llegamos a una ciudad, el encanto se diluye entre polígonos y barrios dormitorio, pero Pamplona nos recompensa y nos une con el trazado habitual del Camino Francés, el que viene de Roncesvalles.

 

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