Artajona
es el único lugar en el mundo en donde se bandean las
campanas al revés
Cuentan
que a finales del siglo XIX todos los campaneros de Navarra habían
bandeado alguna vez las campanas en Artajona. Aquí se presume de ser el
único lugar en el mundo donde las campanas se bandean al revés. Difícil
es describir algo tan insólito. Pero la búsqueda de estos particulares
tañidos queda nublada al llegar al denominado Cerco. Un impresionante
lienzo salpicado de torreones que "pretenden guardar" la
magnitud de la iglesia-fortaleza de San Saturnino.
Es
mucha la historia que apilan estos muros. Rancio abolengo que permite el
paso al visitante por los portales de la Remagua y de San Miguel, que añoran
un anterior acceso al que denominaron Aitzaldea.
Y es que el cerco
impresiona de tal manera que, a veces, se olvida que el pasado del lugar
comienza mucho antes. Y así lo demuestran los dólmenes del Portillo de
Enériz y la Mina de Farangortea, a escasos kilómetros del cerco.
Pero la atracción hacia el Cerco es demasiado irresistible para no
dirigirse de forma inmediata a su interior. El pensamiento comienza a
"llenarse" de reyes, nobles, obispos y papas que perfilaron la
historia de estos lares. Sancho Garcés IV el de Peñalén dio el lugar al
noble García Aznárez, que a su vez cedió la iglesia de Santa María al
Monasterio oscense de San Juan de la Peña. Pedro de Roda donó la iglesia
local a los canónigos de Saint Sernin de Tolouse. Fue la época en la que
se construyó el recinto amurallado, el templo de San Saturnino y las
casas. Diferencias con los monjes hacen entrar en litigio a papas, reyes y
prelados.
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Es
mucha la historia que apilan estos muros. Rancio abolengo que
permite el paso al visitante por los portales de la Remagua y de
San Miguel, que añoran un anterior acceso al que denominaron
Aitzaldea.
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En definitiva una agitada
historia que necesita digerirse poco a poco. Por ello, una parada para
contemplar la iglesia fortaleza de San Saturnino permitirá que ese
pensamiento cuajado de dimes y diretes, de pugnas entre sarracenos y
cristianos, entre bastardos que se erigen reyes y prelados y obispos que
tratan de ejercer su influencia, elimine todo resquicio de disputa y se
convierta en sensación de inusitada admiración.
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Al
igual que la iglesia-fortaleza el recinto amurallado, que ya
existía en el siglo XII fue también "retocado"
durante el reinado de Carlos II, según los cánones góticos.
Esta muralla "maquillada" por el gótico y salpicada
por esbeltas torres cúbicas, abiertas en su interior en canal,
rivaliza en belleza con la de San Saturnino, que además de
ejercer de campanario fue también punto de vigía
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De factura gótica, su
estructura original fue construida sobre un anterior templo románico.
Destaca su portada, con un tímpano que representa a San Saturnino, a la
Reina Juana de Navarra y a su esposo Felipe. En el interior aguarda un
magnífico retablo.
Al igual que la iglesia-fortaleza el recinto amurallado, que ya existía
en el siglo XII f
ue
también "retocado" durante el reinado de Carlos II, según los
cánones góticos. Esta muralla "maquillada" por el gótico y
salpicada por esbeltas torres cúbicas, abiertas en su interior en canal,
rivaliza en belleza con la de San Saturnino, que además de ejercer de
campanario fue también punto de vigía. El conjunto, debido a la
disposición del terreno, asemeja los perfiles de un riñón.
Pero todavía aquí queda mucho que admirar. El portal de la Remagua
comunicaba el Cerco con el arrabal, que hoy se ha convertido en el casco
urbano de Artajona. Estrechas calles por las que se reparten fachadas
blasonadas, casonas y construcciones más modernas. No hay que perderse la
visita a la iglesia de San Pedro y a la Basílica de Nuestra Señora de
Jerusalén.
Dólmenes.
A menos de 4 km partiendo de la trasera del cementerio, por una pista sin
asfaltar bien señalizada, se pueden contemplar los interesantes dólmenes
del Portillo de Enériz y de la Mina, dos monumentales sepulcros de
galería con losa de separación.
Ruinas de Andelos.
A pocos kilómetros de Artajona se encuentra Mendigorría, en
cuyas cercanías se levanta la ermita de Nuestra señora de Andión y el poblado
de Andelos, ruinas romanas de gran interés situadas en una alta
terraza sobre el río Arga. Fue una importante ciudad durante la época imperial
citada por Plinio el Viejo. Su alto desarrollo urbano se aprecia por el sistema
de abastecimiento de aguas, cuya parte más importante es una presa de pantalla
de 102 metros, que recogía el agua de dos barrancos. Las excavaciones han
permitido descubrir la interesante estructura del asentamiento de la ciudad, con
mosaicos (conservados en el Museo de Navarra, en Pamplona), termas, viviendas y
calles.