La historia de los almadieros es también memoria abreviada de buena parte
de Navarra: la que pone en relación a los pueblos pirenaicos con los del sur
y todas las riberas intermedias a través de los ríos que bajan desde el
Pirineo hasta el ancho y pacífico Ebro por el Esca, Irati, Salazar y Aragón.
La historia de las almadías es una historia de economía de supervivencia,
de voluntad por sobrevivir en un entorno y es también la memoria de los
puentes, esclusas y puertos que se construyeron a su paso, de los esfuerzos
por hacer navegables los ríos, rompiendo peñas, ensanchando recodos; de los
peajes injustos que gravaban su mercancía, de los pleitos por el pago de
impuestos contra alcaides, abades o marqueses, puerto tras puerto, señorío
tras señorío.
Almadieros y barranqueadores formaron parte del paisaje y la cultura de
esta tierra hasta mediados del S. XX. Su decadencia y desaparición vino
anunciada por el sonido de los primeros camiones y se certificó con la
construcción del pantano de Yesa a comienzos de la década de los cincuenta.
La riqueza forestal de los valles aragoneses de Hecho y Ansó y los
navarros de Aezkoa, Salazar y Roncal fue muy apreciada para la construcción
de los barcos de la Armada Real o construcciones como el Canal Imperial, la
Ciudadela de Pamplona o los palacios reales de Olite y Tafalla, y el río era
el único medio de transporte para la madera de estos bosques.
Las almadías estaban articuladas en varios tramos, de cuatro a seis
generalmente, que se unían con ramas maceradas de avellano, llamadas "vergas".
Los almadieros "punteros" gobernaban los remos delanteros y los
"coderos" los traseros. "Docenes, trecenes y cuatrocenes"
eran algunas de las longitudes que se usaban para la medición de los maderos.
Ser almadiero era un modo de vivir instalado en el riesgo que otorgaba a
los madereros una épica de grupo llena de peligros y poco dinero: los
rápidos y remolinos del río, las presas y los molinos, los puentes y las
foces, el riesgo de caer al agua bajo la almadía sin posibilidad de salir a
la superficie… En aquellos tiempos el oficio de almadiero satisfacía el
juvenil deseo de riesgos y aventuras tan sentido por los montañeses.
Durante el invierno, el trabajo estaba en el bosque, cortar y arrastrar la
madera hasta el atadero. Una vez construida la almadía, y con un caudal
suficiente para botar la embarcación, el río marcaba el recorrido a seguir.
Con la pericia y oficio del almadiero se llegaba hasta los arrimaderos de
Sangüesa, Zaragoza e incluso Tortosa. Una vez secos, comidos y notando los
dedos de los pies, los almadieros comenzaban el regreso andando hacia el valle
en busca de una nueva almadía. Regaliz de palo, algún traje o vestido para
la mujer que esperaba impaciente en el valle y un montón de historias, eran
los alicientes de una profesión de aventura, riesgo y gran valentía.
Ahora, una vez al año a comienzos del mes de mayo, las almadías vuelven a
descender por el río Esca hasta la localidad de Burgui , en el valle de
Roncal, recuperando este duro trabajo como espectáculo cultural. La
Asociación Cultural de Almadieros Navarros, con sede en Burgui, es la
encargada de organizar desde hace diez años el Día de la Almadia –
Almadiaren Eguna, que se ha convertido en una de las tradiciones populares
más concurridas de Navarra. El descenso de tres almadías desde la ermita de
la Virgen del Camino (5 kms. aguas arriba de Burgui en dirección a Roncal)
hasta el salto de la presa de Burgui, junto al puente medieval de la
localidad, congrega en los últimos años a más de 7.500 personas. Además
del descenso de las almadías, se organizan otra serie de actos culturales,
deportivos y folklóricos que complementan la jornada festiva durante todo el
fin de semana.
Para cualquier información adicional, pueden ponerse en contacto con la
Asociación Cultural de Almadieros Navarros:
Asociación Cultural de Almadieros Navarros
Nafarroako Almadiazainen Kultur Elkartea
Plaza La Villa n.º 1 (Casa Consistorial)
31412 Burgui (Valle de Roncal) Navarra
Tfno./ Fax: 948 477 153