En estos tiempos en los que navegar por Internet es moneda de curso
corriente, un puñado de roncaleses de Burgui embarca cada primavera en un
extraño artefacto de troncos ligados.
Surcando aguas menos cibernéticas, los almadieros descienden cada año un
tramo del Esca en memoria de aquellos hombres que hicieron del río y de la
madera un "modus vivendi".
Aquellos troncos fueron en su tiempo transporte y sustento para parte de
los habitantes del Pirineo roncalés. Desde la Montaña navarra hasta el Ebro, y por el Ebro hasta Zaragoza; y desde el muelle de El Pilar, hasta
los confines del Mediterráneo, en busca del sustento para quienes aguardaban en casa. Una época en la que las grandes infraestructuras eran
todavía un ideal. Así se movía el negocio de la madera en los altos valles
navarros no hace muchas décadas.
Para el turista accidental, el Día de la Almadía es una jornada
bulliciosa. Para el lugareño, en cambio, el descenso del río constituye el
símbolo de una generación perdida, tan llena de recuerdos como de carestía.
Actualmente, en el tiempo de la globalización, hay pueblos que reivindican
su lugar en el mundo. El valle del Roncal -y Burgui en particular- lo hace
a su manera, a golpe de timón y añoranza En la superficie queda la fiesta. En el fondo, el mundo de la almadía
enfatiza el ser íntimo del roncalés.
Los más veteranos viven la Jornada intensamente. Son la cátedra, quienes
valoran la calidad del descenso y de la madera, el estado de la corriente
de agua... Son quienes se enfrascan en el arduo proceso de preparar las amarras de la almadía. Para los viejos del lugar, el de la Almadía es el
día grande del año. Cuando las naves doblan el último meandro y llegan al
espléndido puente romano de Burgui, el gentío aplaude. Es el momento en el
que el éxtasis del roncalés veterano da paso al exceso de la jornada festiva, más prosaica y menos
etérea.
La almadía está íntimamente ligada al entorno. Y el entorno, el del valle
del Roncal, es motivo que justifica la visita prolongada del forastero que
hoy se acerca hasta Burgui.
En este marco de leyenda, el descenso de la almadía constituye un
acontecimiento entrañable y diferente. Como el valle, que siempre fue distinto merced a su marcado aislamiento crónico. Sin duda,
asistimos a un acontecimiento poco común, una joya etnográfica que no debemos perder.
Cada año son más los curiosos que -por miles- se acercan hasta estos
parajes en fecha tan señalada. Lo más difícil está hecho. Sólo hace falta
que los jóvenes recojan el testigo de aquellos que -pese al azote del tiempo- luchan todavía por conservar la tradición de la almadía.
Venir hoy a Burgui, al valle del Roncal, es volver mañana; por el recuerdo
de los almadieros, por la belleza de sus paisajes montunos, por la excelencia de su gastronomía de queso y asado, por la tranquilidad de sus
veredas y rincones, por tantas cosas...
Bienvenidos todos a Burgui, capital mundial de la almadía por un día.
Siéntense y contemplen.
Programa de actos