Características
generales:
El monumento histórico más importante de
Marcilla es su castillo. En sus principios fue fortaleza defensiva, después
castillo palaciego y terminó siendo una confortable mansión señorial. De
recios sus muros, contaba con torres de esquina, teniendo en el centro otra más
elevada y esbelta, pero menos gruesa, provista de airosas almenas y anguladas
saeteras. En la obra de fábrica podían verse la piedra y el ladrillo, aunque
éste corresponda a épocas más próximas a la actual. Las saeteras abundan no
solamente hacia el exterior, sino también hacia el interior y el amplio patio
de armas. Tenía los muros exteriores en talud y, por todas partes se abrían
arcos y ventanales en ojiva. Todavía se conserva una buena parte de los fosos
sobre los que se cernía el puente levadizo. Al lado exterior de las torres
mostraba águilas negras con alas y garras abiertas, hasta que, años después
de la celebre batalla de las Navas de Tolosa, fueron sustituidas por las cadenas
del Rey Sancho el Fuerte.
Historia:
La fortaleza señorial que aún puede
admirarse en el centro de la localidad se edificó, al parecer, en los últimos
años del reinado de Carlos III el Noble. En 1424, este monarca dio a Mosén
Pierres de Peralta materiales para las obras, y poco después, mil libras con el
mismo fin. Hacia 1429, Juan II y Doña Blanca dieron al citado Mosén Pierres el
señorío de la villa. Desde que en 1513 Fernando el Católico instituyó el
marquesado de Falces a favor de don Alonso de Peralta, fue este castillo núcleo
y cabeza de dicho marquesado, uno de los estados o señoríos más importantes y
dilatados del Reino. En 1788, el licenciado Ricarte envió un informe
descriptivo a la Academia de la Historia. La armería del castillo contenía
numerosas adargas, petos, morriones, picas y todo género de armas y arneses. En
la cámara del marqués se guardaba antiguamente la famosa Tizona del Cid y en
la capilla se veneraba una Santa Espina y se conservaba "un dinero de los
que fue vendido Nuestro Señor". En 1820, un ayuntamiento liberal hizo
demoler "unas garitas que estaban donde la plaza principal... y un fortín
que al parecer sirvió de cuerpo de guardia y es de figura de un cubo".
Leyenda:
Es conocida la leyenda, según la cual la
marquesa Ana de Velasco se enfrentó valerosamente en 1516 a las gentes de armas
del coronel Villalba, impidiendo que se llevase a cabo la demolición de la
fortaleza, decretada por el cardenal Cisneros. Los castellanos, tras
conquistar Navarra, ordenaron la demolición de la mayoría de los castillos
(orden general del cardenal Cisneros). En el de Marcilla mandaba la marquesa de
Falces. Al ser informados de la llegada de Don Hernando del Villar, Doña Ana
ordenó aprovisionarse de víveres y disponerse para la defensa. Cuando llegó
al Castillo le tributó un gran recibimiento, preparó un banquete y los
castellanos se embriagaron. En atención al trato recibido, Don Hernando del
Villar permitió a la dama salir de la fortaleza con sus pertenencias y
servidumbre. La heroína le respondió en tono altivo que era ella la que concedía
la vida. Desarmados, los castellanos tuvieron que abandonar el castillo,
humillados por la astucia de Doña Ana de Velasco.
Descripción
del Castillo:
El castillo, palacio, hermoso ejemplar de
fortificación gótica, fue construido en ladrillo sobre taludes de piedra, que
pudieran datar de época anterior (los diferentes colores y texturas indican las
diferentes fases de la obra). Los fosos que le rodean indican su carácter de
fortaleza. En los cuatro ángulos del cuadrado se elevan unos fuertes torreones
prismáticos. Existen otros que interrumpen el centro de los muros, salvo el del
sur que ha sido sustituido por una galería. Hacia 1980, el castillo fue
adquirido por la Diputación para su restauración.