Coronación del Rey de la Faba
La Coronación del Rey de la Faba es una tradición, instaurada en Navarra por la corte de los Teobaldos (Teobaldo I reinó entre 1234 y 1253, y su hijo Teobaldo II lo hizo de 1253 a 1270) y recuperada por la peña Muthiko Alaiak, que se celebra desde los años 70 de forma itinerante en diversas localidades navarras, pocos días después del día de Reyes.
La celebración del Rey de la Faba está documentada desde el siglo XIV (1381) y se celebraba allá donde se encontraran los reyes en ese día. El día de la Epifanía, los monarcas reunían a un grupo de niños pobres y les invitaban a comer un pastel o rosco en el que hallaba oculta una haba (“faba”, en lenguaje medieval).

Coronación del Rey de la Faba
El monarca solía invitar a los niños necesitados a comer un rosco y aquel que encontrase la “faba” era proclamado rey por un día y era vestido con las galas de un monarca, y entronizado con los fastos y honores de la corte al grito de «¡Real, Real, Real!».
La fiesta comienza a las 12 del mediodía con el pregón inaugural, y la música y las danzas invaden las plazas y calles de la localidad hasta las 18 horas. En ese momento la comitiva medieval encabezada por el rey de armas al que siguen escuderos, caballeros y damas y los tres brazos de las Cortes de Navarra (representantes de la villa, nobleza y clero) se dirigen a la iglesia.
Tras ellos, el Rey de la Faba escoltado por el Príncipe de Viana y doña Blanca de Navarra. Llegadas las siete de la tarde, los asistentes jurarán los Fueros y pedirán al Rey de la Faba que prometa «goardar et defender el regno a nuestro poder», antes de ser bendecido y recibir los atributos reales para ser designado monarca. El rey es alzado en medio de un caluroso aplauso mientras suenan los acordes del himno de Navarra.
Un poco de historia
Tras la incorporación de Navarra a Castilla y debido a la ausencia de los reyes, estos fueron sustituidos por los virreyes. Fuera del ámbito de la Corte, el festejo continuó celebrándose con la elección de “emperador”.
Esta elección y proclamación llegaron a ser adoptadas con gran entusiasmo por parte del pueblo, que vulgarizó y extendió el rito a los entornos familiares bajo la denominación de “echar el reináu” por medio del reparto de cartas o por el método tradicional del rosco troceado.

Coronación del Rey de la Faba
Tras la proclamación real, el muchacho elegido era vitoreado con gran estruendo y ruido atronador, motivo por el que el Real Consejo de Navarra llegó a prohibir tales manifestaciones ruidosas en 1765 bajo pena de fuertes multas. Dicha orden acabó con los excesos ruidosos, pero la tradición del rosco se encuentra arraigada y totalmente consolidada.
La fiesta medieval fue restaurada —llevaba ya unos siglos extinguida— en los años treinta del siglo XX por Ignacio Baleztena, fundador en 1931 de la David Teniers. La fiesta del rey haba. 1650-1660. Museo del Prado (Recorte)










